
El otro día me preguntaba un amigo: “¿Exactamente qué haces?”. Le fui enumerando algunas cosas que hago, pero me quedaba la sensación que no terminaba de entender. Igual que en el anterior post, a mi amigo le decía que no era un motivador.
¡Claro que lo soy!
Más allá de estereotipos de lo que es un coach–motivador, me uno al deportista para que él madure:
- Indagando en sus verdaderas ambiciones.
- Transformando sus creencias limitantes en potenciadoras.
- Estableciendo metas concretas.
- Ofreciendo feedback del rendimiento en la competición.
- Generando un mejor diálogo interior.
- Alcanzando autoconfianza y elevada autoestima.
Infinidad de aspectos con impacto directo en el día a día del deportista que inclinan la balanza hacia el éxito deportivo.
- ¿Has alcanzado tu óptimo estado de forma? ¿Te sientes fatigado o llegas mal al final de los encuentros? ¿Demasiadas lesiones?
- ¿Tienes suficiente concentración y motivación para seguir sufriendo y alcanzar tus metas? ¿Reconoces ansiedad o falta de autoconfianza? ¿Sientes presión?
- ¿Qué movimientos técnicos necesitas mejorar? ¿Cómo vas a modificarlos?
- ¿Pierdes la atención o te cuesta interiorizar las estrategias que plantea tu entrenador? ¿Te adaptas a las diferentes situaciones tácticas que requiere la competición?
- ¿Analizas el rendimiento tuyo y de tu equipo?
- ¿Cómo reaccionas ante los conflictos? ¿Has mirado qué hay dentro de ti que pueda ser sanado?
- ¿Juegas con soltura, libre de lo que piensen los demás?
Todo esto está fenomenal, pero no olvidemos la primera y más importante pregunta:
¿Quién soy? ¿Qué me da la felicidad? ¿Cuál es el propósito de mi vida?

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