Skip to main content

Empieza la planificación de la temporada. Mientras algunos están con caipiriñas y mojitos en la playa, los cuerpos directivos y técnicos van rumiando lo que será la pretemporada. Es un tiempo que, para muchos, pasa desapercibido, pero que para otros es a la vez motivante, exigente y bonito. Todavía no se ha sucedido ningún éxito ni ningún fracaso, pero ya se empiezan a establecer las bases de la victoria.

Ya lo decía Sun Tzu:

El guerrero victorioso gana primero y luego va a la guerra, mientras que el guerrero derrotado va a la guerra primero y luego busca ganar.

Con esta mentalidad es con la que ha de afrontarse la pretemporada. Y más aún la preparación de la pretemporada.

Analizar bien cuál es tu identidad, qué misión y valores tienes es fundamental en quien pretende ganar la batalla antes de librarla. Profundizar y explorar los objetivos y expectativas del propio club, de la directiva y del staff técnico se vuelve imprescindible. Este trabajo inicial ya convierte en éxito el inicio del camino.

Éxito será también preparar bien la comunicación y unificación de objetivos y expectativas individuales y colectivas al conjunto de la plantilla o integrantes de un equipo (pienso por ejemplo en un tenista y el staff técnico que le rodea o cualquier otro deporte individual).

Como vemos, estamos separando el éxito o fracaso del resultado. Estamos asentando las bases del resultado, y este será el éxito (el asentar las bases y no el propio resultado que, como mucho, será consecuencia). Así es como debemos medir nuestro desempeño. ¿Alguien que basa todo su esfuerzo en cumplir con todos sus objetivos de proceso (que dependen de él), no habrá optimizado sus probabilidades de victoria? Es evidente, pero quizás es la mayor evidencia de la competición que normalmente olvidamos.

Focalizando nuestra motivación en el resultado no nos hacemos sino un flaquísimo favor, perdiendo fuerzas y abandonando nuestra imaginación a futuribles incontrolables, expectativas desordenadas que serán fuente de frustración o de ausencia de suficientes estímulos (cuando queden por debajo de lo que podría dar el equipo o el deportista).

Dame seis horas para cortar un árbol y pasaré las primeras cuatro afilando el hacha.

– Abraham Lincoln

Trabaja con un coach de equipo y descubre el éxito antes de haber siquiera empezado.

 

¡Profundiza en ti mismo, recibe las últimas publicaciones!

Leave a Reply

Juan Mel
Madrid, España

T: 639 236 557
E: Juanmel@zenit-igh.es