
“Siento que no tengo fuerzas, ¿qué sentido tiene este esfuerzo? Estoy solo”.
Un sinfín de complicaciones y una motivación que no aparece por ningún lado. Esta experiencia es muy común entre los deportistas de élite, sí, entre aquellos que ganan millones y cuelgan sus fotos en instragram mostrando una felicidad más propia del paraíso que de esta vida terrenal.
De repente un día, por cuestiones ajenas a nuestra voluntad, la motivación vuelve. Ha hecho sol ese día, me han reconocido el trabajo hecho, he destacado, casi sin quererlo. Me siento fuerte, he comido lo que tengo que comer, he dormido bien, ya no estoy tan reventado, he recibido dos noticias muy positivas: un nuevo contrato publicitario y mi hermana acaba de ser madre pidiéndome ser padrino de su hijo. Y sin más, vuelve la calma, vuelve la tranquilidad. Soy feliz, lo tengo todo, y estoy agradecido. Pero no nos mintamos, no es más que un espejismo.
El corazón no deja de gritar, tampoco para un millonario, tampoco para un deportista –de éxito– que ya lo tiene todo.
Es muy importante detenerse ante estos pensamientos, y aunque cada uno somos únicos y lo que nos pasa irrepetible, voy a dar unos pasos que creo que a todos nos puede iluminar.
El regalo
¡Qué regalo darte cuenta de la necesidad que tienes, de la carencia que tienes, de la falta de motivación, de que no te basta estar en el equipo de tus sueños o tener la cuenta corriente con siete u ocho dígitos! Date el tiempo para reflexionar sobre este regalo: nada me basta.
La conciencia
Es un regalo porque te hace consciente de tu situación, porque te enfrentas a ella. No dejas que el tiempo pase, sin más. Empiezas a madurar, te haces dueño de ti mismo, sin estar al albur de tus propios sentimientos y de los sucesos ajenos a ti. Expresar lo que a uno le pasa no siempre es fácil, pero es el primer paso del camino cuando uno quiere realmente avanzar en la vida.
Compartirse
Tener alguien con quien expresar estos sentimientos y experiencias con sencillez es fundamental para darle su justa importancia y recuperar la motivación.
Recuperar la motivación
Para recuperar esta motivación escribía en otra entrada de este blog (ver publicación) terminando con tres preguntas:
¿Quién soy?
¿Qué me da la felicidad?
¿Cuál es el propósito de mi vida?
¿Nos enfrentamos a estas preguntas? No hay otro camino que la introspección, una introspección que pasa por estar atento a la realidad, por estar acompañado de guías que nos ayuden a levantar la mirada. Hacernos estas preguntas y no tenerlas miedo es levantar la mirada.
Paciencia
No pretendamos recorrer el camino de golpe. Pero cuando uno da estos pequeños grandes pasos es muy posible que vuelva una actitud que siempre propongo: agradecer todo lo que tenemos, fuente de aceptación de la realidad con sus alegrías y frustraciones.
¿Cómo te imaginas volver a los entrenamientos que tanta pereza te daban después de hacer este recorrido? Es posible que te salga una sonrisa. ¡Pues sonríe!




