
Como ciclista, he pasado horas observando cómo mi sombra se proyecta sobre el asfalto, y como coach, he acompañado a muchos a navegar sus propias cuestas empinadas. A menudo, buscamos la satisfacción en la cima, en el tiempo final o en el objetivo cumplido. Sin embargo, Phil Jackson, nos lanza un dardo directo al centro de nuestra estrategia de vida:
“La verdadera alegría proviene de estar presente en cada momento” (Canastas Sagradas)
A primera vista, parece una frase de manual de autoayuda. Pero cuando estás hastiado del paso de los días o no puedes con la situación que hay en torno a ti, esta frase nos recuerda lo más importante para poder sacar lo mejor de nosotros mismos cada momento.
La trampa del «cuándo»
En el deporte (y en la vida muchas veces), solemos vivir en el futuro: «Seré feliz cuando baje de las tres horas», «Estaré tranquilo cuando mi entrenador se dé cuenta».
Si tu mente está en la meta mientras estás en la subida (en la dificultad de tu día a día), te pierdes el ajuste fino de tu respiración, la cadencia exacta que tus músculos necesitan y, sobre todo, la alegría de la ejecución. Phil Jackson no pedía a sus jugadores que pensaran en el anillo de la NBA mientras botaban el balón; les pedía que se fundieran con el juego.
La escucha del «ahora»
Como coach, observo que el mayor obstáculo para el crecimiento no es la falta de talento, sino la ausencia de conciencia y, por lo tanto, de “presencia”. Estamos tan desconectados de nuestro verdadero yo que no escuchamos las señales de fatiga, ni los destellos de intuición que nos dicen cuándo atacar o cuándo recuperar.
Estar presente no es una actitud pasiva. Es una atención radical. Es decidir que, independientemente de lo que falte para llegar, este pedaleo —este preciso instante— es lo único que existe. Ahí es donde reside la «verdadera alegría»: no en el alivio de haber terminado, sino en la intensidad de estar siendo, de estar viviendo.
Párate un momento
- ¿Estás saboreando el proceso o simplemente «tachando tareas» para llegar a un alivio que nunca parece suficiente?
- ¿Qué te estás perdiendo por mirar la cima, el futuro?
- ¿Cómo cambiaría tu rendimiento si te enfocaras en la «alegría del presente» en lugar de en la pretensión por obtener un resultado?
- En tu última semana, ¿cuántos momentos puedes decir que estuviste 100% presente, sin pasado que lamentar ni futuro que planificar?
La próxima vez que te calces las zapatillas o te enfrentes a un reto profesional, recuerda que la meta es solo una excusa para ponerse en marcha. La verdadera victoria es no perderte ni un solo segundo del camino.
Nos vemos en la ruta.




