
En el deporte, la diferencia entre el éxito y el fracaso no suele estar en el físico, sino en la capacidad de aceptar la realidad tal cual es. Algo tan simple (y tan complejo) suele ser la diferencia entre el éxito y el fracaso, tanto en el deporte de competición como amateur.
¿Cómo definiría la aceptación?
Como actitud de acoger sin queja lo que ha sucedido, está sucediendo y va a suceder. Aceptar, no es aguantar, no es resignarse. Tampoco es que te parezca bien lo que ha pasado. Necesitamos una actitud que nos libere de la resistencia que ejerce nuestra cabeza o las situaciones.
El conflicto entre el yo número 1 y el yo número 2
Leía hace un tiempo El juego interior del tenis, de W. Timothy Gallwey. En él, Gallwey hace una constante separación entre dos personas (el “yo número 1” y el “yo número 2”), ambas presentes en nuestro único yo. El “yo número 1” lo identifica con el yo más “controlador-que ordena” y el “yo número 2” con el yo “ejecutor”.
¿Qué sucede tantas veces con el “yo número 1”? Que no acepta y quiere que las cosas sean distintas y fuerza al “yo número 2” a hacer cosas distintas a las que sabe, no le deja actuar tal y como sabe y al final los resultados son un desastre.
Pongamos un ejemplo
Acabamos de sufrir una entrada de roja, con la plancha y por encima del tobillo. Desde luego ya no vamos a poder jugar igual el partido porque nos duele muchísimo. ¡El árbitro no ha sacado más que amarilla! Y encima el contrario ni se ha preocupado en disculparse, miraba al árbitro asombrado. Parece que tu equipo no te toma en serio, y aunque se han quejado al árbitro, te insisten por detrás en que te levantes. El público, ahora cada vez que la tocas, silba, en desaprobación.
Todos ellos son hechos que automáticamente nos pueden inducir a unas emociones claras de ira, sospecha, tristeza, rabia, enfado, frustración. El “yo número 1” puede empezar a decirle al “yo número 2” que así no puede jugar, que es injusto, que tiene que demostrar que se le ha tratado mal. Podríamos recrearnos más en esta situación, analizar todas sus vertientes. Pero…
¿Acogemos sin crítica?
¿Es posible afrontar situaciones de este estilo sacando lo mejor de nosotros mismos?
Categóricamente sí. Es posible. Ello no implica que no sea injusto ni que lidiemos con sentimientos contradictorios. Pero en la aceptación y el diálogo interior encontramos la clave. Aceptar sin crítica. Hemos observado lo que ha sucedido, lo hemos descrito bien, el “yo número 2” necesita que el “yo número 1” se limite a observar sin juicio crítico: “me duele el tobillo, el árbitro ha decidido amarilla y el público pita”.
El “yo número 2” en vez de actuar como si tuviese que responder a cosas ajenas, se concentrará en seguir ejecutando lo mismo que tenía que ejecutar antes. Sin darnos cuenta, ocasionalmente, el “yo número 1” se habrá apartado y directamente no actuará. Si esto pasa, realmente hemos alcanzado el éxito. Comenzaremos a fluir, recuperamos la correcta atención y ampliaremos las probabilidades de tener mejores resultados.
No tengo milagros, pero sí un camino hacia esa libertad que nos da la aceptación.

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